Probablemente uno de los objetos más fascinantes del cosmos, los agujeros negros. Todos hemos oído hablar de ellos e intentado imaginar qué hay más allá de su horizonte de sucesos. Hemos fantaseado con el secreto que ocultan en su interior.
¿Será la entrada a otro rincón del universo? ¿Una puerta hacia otra dimensión o realidad?
Un lugar donde las leyes físicas dejan de tener sentido.
Allí, en la oscuridad más absoluta, el universo codifica la realidad para ocultarla a nuestra vista.
Son el abismo más profundo del cosmos. Su mera existencia desafía todo lo que creemos saber. Son objetos imposibles. Decimos que no hay un “fuera” del universo… pero eso no es del todo cierto. Porque lo que sea que se oculte en su interior está totalmente desconectado de nuestro espacio-tiempo.
Es el universo susurrando: “esto no es para vosotros”.
La ausencia de toda luz
Esta vez no hay imágenes.
Algunos dirán que sí los hemos fotografiado. Que la imagen del agujero negro de M87 lo demuestra. Pero lo que esa imagen muestra no es el agujero negro. Captamos su sombra, la silueta delineada por un disco de materia girando a velocidades cercanas a la luz. Incluso en nuestro mayor logro solo rozamos el misterio, sin llegar a atravesarlo.
Una de las cosas que más amo de la astrofotografía es hacer visible lo invisible. Pero esto está en otro nivel completamente diferente.
No hay fotografía, porque está mucho más allá de mis capacidades como astrofotógrafo.
Ni captura, porque desafía nuestro conocimiento.
No hay ilustración, porque no podemos imaginar lo imposible.
Los agujeros negros son la ausencia de toda luz, y a la vez, la fuerza que la sostiene en el cielo. Desgarran la propia realidad, y, sin ese poder, las galaxias, las estrellas, los planetas, tú y yo… no estaríamos aquí.
Quizás por eso el propio cosmos conspira contra nosotros para no revelar su secreto.
Y, sin embargo, aquí estamos. Tratando de resolver lo imposible. De alcanzar lo inalcanzable. Incansables, intentando levantar el velo que oculta el corazón del propio universo.
Puede que nunca crucemos esa frontera. Tal vez estemos persiguiendo una respuesta que no existe. Pero mientras existan las preguntas, las miradas al cielo y el anhelo de comprender, hallaremos luz incluso en el rincón más oscuro del cosmos.
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Redacción: Juan F. Artillo
Edición y corrección: Daniel Fernández







6 respuestas
Qué bien lo has retratado sin una sola imagen, fenomenal articulo
¡Muchísimas gracias, Francisco! A veces, lo que no se muestra, también puede decir mucho. Un placer tener lectores como tu.
En ocasiones vale mucho más una buena pregunta, que una respuesta…este artículo hace muy buenas preguntas. Un saludo
Muchísimas gracias Raúl, a veces las preguntas nos acercan más que cualquier certeza. Un saludo y gracias por leerlo.
Hola, Juan. Siempre me ha fascinado el misterio de los agujeros negros, al igual que la materia oscura del universo; me parecen enigmas insondables, como asomarse al borde de un abismo cuyo final permanece oculto.
Gracias por darle voz al silencio más profundo del cosmos, porque tienes una maravillosa manera de contarlo. Siempre es un placer leerte.
¡Un abrazo!
Muchas gracias por tus palabras Beatriz. Me alegra mucho que te haya gustado y que sientas esa misma fascinación por lo desconocido. Comentarios así animan a seguir escribiendo. De verdad, gracias por leerme.
Un abrazo.